Un grupo
de valientes mujeres agrupadas en Conciencia lucha contra
la crisis de valores en la que nos hemos sumergido los argentinos.
Transitamos un tiempo en el que los ciudadanos vemos peligrosa
y progresivamente coartadas nuestras libertades más elementales,
por lo que merece rescatarse el trabajo de una institución
señera en la imprescindible tarea de construir y fortalecer
los conceptos de ciudadanía y de civismo.
La
Asociación Conciencia, destacada organización de la sociedad
civil, celebra este año tres décadas de comprometido trabajo
dedicado a educar en los valores republicanos a las nuevas
generaciones, luchando en forma entusiasta para que los
conceptos de democracia y República no se vean desvirtuados.
Entendiendo que la legitimidad
de un gobierno, la libertad individual y el sano empoderamiento
de las naciones sólo se construye desde abajo hacia arriba,
esta institución ha contribuido notablemente a la formación
de la ciudadanía desde una perspectiva integral alertando
sobre la necesidad de no consentir los atropellos institucionales
del poder.
Conciencia nació como un
desafío que 20 mujeres encararon en 1982. Un reto que se
continuó en el trabajo de muchas otras que, al igual que
las pioneras, sacrificaron tiempo, dedicación a sus familias
y esfuerzo en la certeza de que su entrega a la construcción
de una democracia más plena sería el mejor legado para sus
hijos. El transcurrir de los años vio multiplicarse una
idea que demostró ser convocante y que hoy se persigue desde
29 sedes en el país. A la promoción del ejercicio activo
de la ciudadanía y a la formación temprana en estos valores,
han sumado también un arduo trabajo por la imprescindible
inclusión social. Conciencia pone el acento en el valor
de la educación como único medio para construir una sociedad
libre, igualitaria y superadora. Así, otorga becas para
estudios y apoya a más de once mil niños y jóvenes a través
de programas para reducir la deserción escolar, erradicar
el trabajo infantil y promover la inserción laboral juvenil.
También ha sabido construir fructíferas sinergias con los
sectores públicos y privados, locales y extranjeros, y con
instituciones educativas y organismos multilaterales.
El reconocimiento
y los premios que Conciencia obtiene aquí y en el exterior
ponen de relieve el valor universal de su misión. En estos
días aciagos para la República, celebramos 30 años de compromiso
de esta ONG que ha sabido apostar a la tarea de transformación
y construcción de un proyecto de país a partir de la educación,
del sano e imprescindible debate y del necesario consenso
social.
El
presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación,
Ricardo Lorenzetti, afirmó esta mañana que "no es necesaria
ninguna reforma de la Constitución" porque "la
parte de los derechos, que es lo que le interesa a la gente,
está más que reconocida". Las declaraciones se produjeron
en momentos en que sectores kirchneristas impulsan la apertura
de un debate en ese sentido , que incluso podría involucrar
la duración del mandato de la Presidencia de la Nación.
"Lo
que hace falta son decisiones legislativas para aplicar"
esos derechos, dijo la máxima autoridad del primer tribunal
del país, y puso de ejemplo que "hacen falta leyes
para la vivienda porque (ese derecho) ya está en la Constitución".
En el marco
de la jornada inaugural de la XVI Cumbre Judicial Iberoamericana,
en el Palacio Errázuriz, barrio porteño de Palermo, Lorenzetti
se preguntó: "¿Qué vamos a hacer en caso de una reforma?
¿Agregar más derechos, que ya están en la Constitución?".
Cuando los principios y valores de la convivencia
son razonables y respetuosos de la condición humana, asegurando
los derechos de todos los habitantes; cuando quienes ejercen
la autoridad lo hacen dentro de límites preestablecidos
por las normas; entonces decimos que ambas cosas se complementan
y funcionan armónicamente, determinando un régimen político
democrático y estable, donde los conflictos naturales de
la convivencia y del desarrollo, con sus accidentes, tienen
vías de resolución pacífica y constructiva. Y aquí viene
una segunda característica: es la mayor norma que nos brinda
los fundamentos del orden y la seguridad.
Cuando los
valores humanos y los derechos y garantías de la constitución
están ubicados debajo de las atribuciones de quienes gobiernan;
y los que mandan se consideran siempre justificados; entonces
decimos que no se corresponden, generando, a través de contradicciones
y conflictos, regímenes políticos autoritarios, autocráticos
o dictatoriales que avanzan, directa o solapadamente, avasallando
en forma creciente los derechos de los gobernados. Porque
el poder que no encuentra límites, se expande natural y
peligrosamente como un instrumento de dominio al servicio
de la ambición. Y aquí tenemos una tercera característica
de toda constitución: es una frontera -para todos-a la desmesura,
a la egolatría, a la mezquindad y a la destrucción del otro.
Todas las
sociedades, a través de los siglos, han transcurrido su
evolución practicando y experimentando distintas formas
de gobierno, muchas veces con consecuencias costosas para
la condición humana. Fueron los instrumentos escritos, llamados
constitución, los que fueron diseñando las formas de gobierno
y las formas de estado; llegando a ser hoy el continente
definitorio de lo que se quiere para una organización política.
Entonces, una cuarta característica es la de ser un instrumento
que condensa y decanta la voluntad y la cultura de una comunidad
en una época.
La mayor
evolución de las formas políticas se ha logrado con la elaboración
lenta, trabajosa, llena de obstáculos, de un sistema que
se ha dado en llamar democrático, que no es perfecto, lo
que lo hace en permanente evolución, como son las obras
humanas. Y aquí tenemos una quinta característica: las constituciones
de los estados que pertenecen a la cultura occidental, sirven
para dar forma y estructura a la protección de derechos
y garantías y su convivencia con el ejercicio de la autoridad.
Definidos
los términos de lo que se da en llamar democracia, ¿porqué
costó tanto su constitucionalización; y porqué cuesta tanto
preservarla?. Intentamos contestar diciendo que, en primer
lugar es una obra hecha por humanos, cuya condición primera
es la de ser imperfecta, como sus autores. Su esencia está
hecha de libertades humanas, en cuyo interior anidan pasiones
sanas y malsanas. En esto incluimos a quienes toca gobernar.
De allí entonces que se busque compatibilizar el ejercicio
razonablemente de los derechos respetando los derechos de
los otros, con el funcionamiento de instituciones y leyes
respetables por parte de todos. El resultado debería ser
que la seguridad de todos esté debidamente garantizada.
Pero ello no es una fórmula matemática; solo podemos decir
que es una construcción paulatina; con marchas y retrocesos,
permanente e inacabable.
¿Cómo lograr
esta suerte de “maridaje” entre los derechos y el poder?.
No es fácil. Depende de múltiples factores condicionantes
que es necesario observar. Porque la democracia, como régimen
político es, primeramente, una construcción de cultura social.
Y, después, un pacto implícito en las conductas individuales,
que se extienden en todos los ámbitos, especialmente en
aquellos donde se ejerce el gobierno, que es de donde debe
surgir un atributo importante que es la ejemplaridad”.Las
conductas de quienes gobiernan generan comportamientos sociales
afines. Si son buenas, la democracia será de buena calidad;
de lo contrario, la democracia será solo una farsa y la
constitución un ropaje de hipócritas.
La ejemplaridad
es docencia capaz de crear imitadores. La primera docencia
la emite el propio texto de la constitución: una docencia
republicana, que pretende inspirar una cultura apropiada
al sistema. La segunda docencia debe provenir de los operadores
diversos que tienen poder de decisión y de influencia en
la sociedad.
La democracia
constitucional, a pesar de ser un texto escrito, es un ideal
de inacabable construcción, porque, a pesar de ser siempre
incompleta, tiene la virtud de ofrecer nuevas opciones y
alternativas ante cada realidad distinta. Y aquí está la
diferencia con los sistemas políticos dictatoriales, que
se perfilan solos, sin requerir el asentimiento de la sociedad;
pero finalmente terminan en dramáticas encrucijadas sin
opciones.
La Constitución
Argentina exterioriza su identidad democrática al establecer
la forma representativa, republicana y federal. Esa ha sido
la voluntad política originaria. Y ella sirve para albergar
y dar perdurabilidad a los contenidos básicos: reconocimiento
de los derechos de la persona y sus garantías; y división
del poder político y límites a la autoridad que lo ejerza.
¿Cuáles son los valores que le dan sustento? Igualdad, justicia,
paz, unión, libertad, seguridad, entre otros. Esa es también
su ideología.
¿Podría
mantenerse el orden social y la convivencia pacífica si
se vaciara la constitución de estos contenidos?. Evidentemente
no, pues la constitución ya no sería la ley fundamental;
y las demás leyes serían instrumentos hechos a la medida
de cualquier déspota; y la sociedad quedaría a merced de
esa autoridad sin frenos. No es necesario llegar a estos
extremos para vislumbrar estados sociales de anomia, acompañados
por gobiernos que ignoran la supremacía de la constitución
y las leyes fundamentales.
Para que
esto no suceda, en el camino, nos toca ser vigías del sistema
democrático, tomando la Constitución como una vara para
medir la actuación de los gobernantes y de nuestras propias
actitudes.
En este sentido, la constitución marca el principio de un
camino conjunto, que no se agota mientras haya vocación;
y a la vez marca la frontera que no se debe trasponer.
He
aquí para qué sirve la constitución y porque, frente a ella,
no cabe la indiferencia.
Después de un largo camino que se inició en mayo
de 1810 con el proceso de independencia, la República Argentina
pudo darse a sí misma una Constitución en 1853. Esa primera
Ley Suprema aceptada por los pueblos de las Provincias Unidas
se sancionó, sin embargo, con la ausencia de la Provincia
de Buenos Aires, incorporada recién en 1860 al Estado Federal.
Le costó
mucho a nuestro país tener una Constitución que organizara
el gobierno nacional respetando las autonomías provinciales
y garantizara los derechos de todos y, más aún, mantenerla
vigente y respetarla. Las luchas por la independencia y
las contiendas internas entre las provincias demoraron su
sanción.
Los golpes
de Estado -seis en el siglo XX- quebraron la institucionalidad
política, afectaron la credibilidad en el sistema y diluyeron
las responsabilidades de gobernantes y ciudadanos en el
incumplimiento de la promesa y el proyecto constitucional.
Pero hace
ya más de veintiséis años -casi una generación de argentinos
nacidos bajo el imperio de la Constitución Nacional- que
hemos sido capaces de mantener la democracia, eligiendo
a nuestros gobernantes en elecciones libres y sin proscripciones.
Es mucho teniendo en cuenta los enfrentamientos políticos
y las tragedias de nuestra historia y, sin embargo, pende
sobre la responsabilidad colectiva la construcción de un
país que los padres fundadores sintetizaron en los objetivos
del Preámbulo de la Constitución -constituir la unión nacional,
afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer
a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar
los beneficios de la libertad- y en esa invitación, generosa,
libertaria, a todos los hombres del mundo que quieran compartir
el sueño de construir una Nación plural.
Ese texto
de 129 artículos dice mucho y exige más. Es expresión de
la república democrática y federal, manifestación de la
soberanía popular y garantía de los derechos personales
y colectivos. Del ejercicio de esa soberanía originaria
nacieron poderes de gobierno limitados que deben controlarse
entre sí.
En el modelo
constitucional de la República Argentina no hay -no deberían
existir, ni de derecho ni de hecho- poderes absolutos ni
gobernantes que pretendan ejercerlos. Lo impide la libertad,
la igualdad y la dignidad de todos y cada uno de los habitantes
del país.
Democratizar
la Constitución, acercándola al hogar de cada uno, comprometer
nuestra responsabilidad en su cumplimiento, demandando un
buen gobierno para que todos tengan un hogar, puede constituir
el inicio de una celebración del Bicentenario de Mayo.
Aquello
que aprendimos en la escuela acerca de que "el Pueblo
quiere saber de qué se trata" se tradujo en la Constitución
Nacional en el acceso irrestricto a la información sobre
los actos de gobierno, en la libertad de opinión y crítica
para que el pueblo, conociendo qué pasa en realidad, rectifique
o convalide sus propias opciones electorales.
Estamos
aprendiendo la democracia y la república por contraste con
todo lo que no es democrático ni republicano desde la perspectiva
constitucional.
Por eso
es tan importante que la información circule sin bloqueos
y sea plural. La diversidad de voces permite reflexionar
y comparar, aprender en suma. Los déspotas quedan muy expuestos
cuando hay libertad.
Hoy, cuando
la sociedad parece atrapada en la controversia política
sin atenuantes, conviene recordar que, pese a todo, la sociedad
argentina -impaciente y poco propensa a examinar sus propias
responsabilidades en las crisis y los desvíos institucionales-
no repudió la democracia recuperada.
Queda por
incorporar a nuestras vidas el valor de la Constitución,
de la ley que nos une en la diversidad social y política.
Artículo publcado en el diario Clarín el 24 de mayo
de 2010. Año del Bicentenario.
La
lamentable tragedia de la línea Sarmiento que ocasionó el
fallecimiento de 50 personas y otras 676 personas heridas
ha colocado en el centro de la escena política al Titular
de la Auditoría General de la Nación, el Dr. Leandro Despouy.
¿Qué es la Auditoría General de la Nación? ¿Por qué está
vinculada con un lamentable suceso como fue el siniestro
ferroviario? ¿Cuáles son sus atribuciones? Veamos.
Que nuestra forma de gobierno sea del tipo republicano
implica - además de la división del ejercicio del poder
en distintos órganos de gobierno - la rendición de cuentas
a la ciudadanía de sus actos y decisiones, a la vez que
tienen que instrumentar mecanismos de control de la administración
pública, siempre con el objetivo de combatir la corrupción
y el mal manejo de fondos públicos. En este contexto nuestra
Constitución Nacional estipula en su artículo 85 que el
control externo de la actividad económica y financiera que
desempeñe el Órgano de gobierno ejecutivo y sus dependencias,
es una atribución propia del Congreso de la Nación, mediante
el examen y la opinión sobre tanto la legalidad, el desempeño
y la situación general de la administración pública. La
opinión y el examen que le corresponde entonces al órgano
de gobierno legislativo deben basarse en los dictámenes
producidos por la Auditoría General de la Nación, la cual
tiene a su cargo el control de legalidad y gestión de todas
las actividades mencionadas anteriormente por parte del
Poder Ejecutivo. En definitiva, según lo expresa nuestra
Constitución la Auditoría va a ser un organismo de asistencia
técnica del Congreso, es decir éste va a designar a los
miembros de la Auditoría, pero esta va a contar con autonomía
funcional.
La Auditoría entonces, va a elaborar dictámenes sobre la
legalidad y la gestión de la Presidencia de la Nación con
respecto a la materia económica, financiera y patrimonial
de la administración pública. Con respecto a la legalidad,
el control por parte de la Auditoría implica la verificación
de que el accionar y desenvolvimiento del ejecutivo se ajuste
y no contraríe las normas vigentes. Sobre el control de
la gestión, consiste en la evaluación de la oportunidad
o conveniencia de las decisiones tomadas por el ejecutivo.
Ahora bien, las atribuciones de control por parte de la
Auditoría General de la Nación se agotan en la elaboración
de un informe o dictamen sobre el estado de la administración,
que se le debe remitir al Congreso de la Nación, ya que
es este quien en última instancia tiene la facultad de impulsar
las correspondientes sanciones en caso de ser estas necesarias.
La Auditoría no posee facultades sancionatorias.
La Auditoría General de la Nación está compuesta por un
presidente del órgano mas seis auditores. De acuerdo a nuestra
Norma Suprema el presidente de la Auditoría debe ser designado
a propuesta del partido de oposición al partido del presidente
de la nación que tenga más legisladores en el Congreso.
Los otros seis auditores son elegidos tres por la Cámara
de Senadores y tres por la Cámara de Diputados. Para ser
auditor es menester ser argentino, con titulo universitario
de carreras afines con las Ciencias Económicas y el Derecho.
Los auditores duran en su cargo 8 años y pueden ser reelegidos.
Actualmente el Presidente de la Auditoría General de la
Nación es el Dr. Leandro Despuys, designado por la Unión
Cívica Radical como partido político de la oposición con
mayor cantidad de legisladores en el Congreso.
El ferrocarril como transporte público es definido como
un servicio público, es decir, su existencia es esencial
para el devenir y el desarrollo de nuestra sociedad. Como
servicio público, el Estado es quién garantiza siempre el
funcionamiento y prestación del mismo. En este caso el servicio
es brindado por una empresa privada como lo es TBA S.A.
pero siempre cuenta en última instancia con el control del
Gobierno Nacional. En el año 2008 la Auditoría General de
la Nación en cumplimiento de sus atribuciones elaboró un
dictamen donde manifestaba que la empresa TBA S.A. estaba
prestando un servicio deficitario, sin el adecuado mantenimiento
de las formaciones, sobre todo en el sistema de frenos.
Teniendo en cuenta el dictamen de la Auditoría y los lamentables
hechos del fatídico miércoles 22 de febrero no quedan dudas
que el servicio prestado por la empresa TBA S.A. es sumamente
ineficiente, pero también es preocupante el control del
Gobierno sobre los servicios públicos de tamaña envergadura
como lo es el ferrocarril.
La Auditoría General de la Nación tiene atribuciones limitadas
de control de la administración pública, es el Congreso
en última instancia quien puede ejercer el debido control.
El Congreso, compuesto por Diputados y Senadores, debe velar
por representar los intereses y preocupaciones de la sociedad.
Es nuestra obligación como ciudadanos el exigir que aquellos
que hemos elegido para que gobiernen en nuestro nombre y
en nuestro beneficio desempeñen correctamente sus respectivos
cargos. Para esto debemos despertar del desinterés, de la
apatía, pero por sobre todo conocer los deberes y atribuciones
de los órganos de gobierno. Solo así seremos una ciudadanía
madura.
Este
relato, está basado en el expediente del proceso que le
hicieron al Teniente Coronel de Marina Don José María de
Pinedo, para esclarecer la conducta que tuvo en la Isla
de la Soledad y que obra en poder del Consejo Superior de
las Fuerzas Armadas.*
*Dicho expediente
está publicado en su integridad en el libro: “Malvinas,
su extraño destino” de Enrique Pinedo (Ed. Corregidor, 1994).
Habla el
Teniente Coronel de Marina, Don José María de Pinedo.
El 9 de
marzo de 1833, yo el Teniente Coronel de Marina, José María
de Pinedo, fui condenado a mi absoluta separación de la
Marina y suspendido de mi empleo por cuatro meses, después
de los cuales fui incorporado a la Plana Mayor del Ejército
permanente.
El procedimiento judicial que llevó a esa condena, tuvo
reconocidos errores pero, prescindiendo de ellos, quedará
para siempre en mi ánimo haber sido acusado de no impedir
que fuera arriado en la Isla Soledad de nuestras Islas Malvinas
el pabellón de la Argentina y que se enarbolara en su lugar
el de Su Majestad Británica.
Cuando a
bordo de la Goleta Sarandí salí del Puerto de Buenos Aires
el 22 de septiembre de 1832, hacia las Islas Malvinas, con
órdenes precisas del gobierno de Buenos Aires, lejos estaba
de imaginar los hechos que pasaré a relatar.
Llegué al Puerto de San Luis el 6 de octubre y cumplí con
las instrucciones del Ministro de Guerra y Marina de poner
en posesión del mando de las Islas al mayor Don Esteban
Mestivier. Con él venían su mujer, tropas y sus familias
y varios individuos más conectados a Don Luis Vernet. El
tiempo estaba horrible. La lluvia, la nieve y el viento
no hicieron posible que cumpliera ese cometido sino tres
días después, en que pudimos también afianzar con salva
el pabellón nacional en emotiva ceremonia. ¡Tan lejos! ¡Tan
solos en esa geografía inhóspita y perdida!.
Habiéndome
asegurado de que todo estaba en orden, salí el 21 de noviembre
a recorrer las islas por la costa Sur para detectar barcos
piratas, según las órdenes recibidas. Encontré dos buques
americanos dedicados a la pesca de ballenas: el Bergantín
Unax que había perdido sus anclas, al que auxilié para asegurarlo
hasta que llegara una fragata americana con la que debía
reunirse y, en la Isla Nueva, avisté a la goleta Sol, dedicada
a la pesca de lobos en esa isla, lo que le prohibí y ordené
que se fuera. El hombre huyó y me costó una mañana entera
perseguirlo hasta que le di caza en un puerto de la isla.
Parece que había tenido varios episodios con un buque americano
y otro con Bandera oriental que andaban armados y a los
cañonazos, no respetaban a nadie y se habían dirigido después
al Estrecho de Magallanes. Yo sabía que el buque de bandera
americana estaba cometiendo actos de piratería, ya que en
el Puerto de la Soledad, habían obligado a los peones a
la fuerza a que les dieran carne, a balazos mataron varios
caballos y se llevaron los cueros. Resolví entonces perseguirlos
hasta el Estrecho, sin éxito, y emprendí la vuelta a Malvinas,
puerto de San Luis, el 26 de Diciembre adonde llegué el
29.
El 30 a
las seis de la mañana vinieron a mi bordo dos botes, uno
de la goleta inglesa Rapid, a la que yo le había facilitado
mis carpinteros para arreglos que necesitaba, y el otro
con el Ayudante argentino Gomila armado de pistola y sable,
con dos individuos de la isla. Las noticias que traía no
eran buenas: en la isla había habido un motín de la tropa
a su mando, habían asesinado al comandante Mestivier, tenía
siete presos en la goleta inglesa Rapid que estaba en el
puerto por los trabajos de refacción, y el resto de la tropa
se encontraba en
pleno desorden.Yo
me dirigí enseguida al puerto, bajé a tierra y encontré
efectivamente todo en desorden y abandono y los cómplices
del motín en pleno saqueo. Le di orden a Gomila de que me
pasase un parte urgente y que mandara a formación. Como
no había otro oficial, tuve que nombrarlo fiscal de la causa
y al subteniente Luciano Listas de 19 años, secretario.
El 1º de Enero se me presentó Listas con acusaciones de
las trapisondas que estaba haciendo Gomila, quien al parecer
tomaba mal las declaraciones y ponía lo que se le daba en
gana. Tres vecinos apoyaban sus denuncias y agregaban que
era un personaje criminal, que mientras estaba al mando
favorecía el desorden, que amenazaba a la tropa y tiraba
tiros de bala al aire; que esa noche dijo a la tropa que
se llevaba a la mujer del finado Mestivier a los cerros,
que la insultaba y había dejado que le robaran todo; que
la obligó a vivir con él en la misma habitación y festejaba
la muerte de su marido, diciéndole que por bárbaro le había
pasado todo eso.
Indignado llamé a Gomila a bordo, le reconvine severamente
por su conducta, le obligué a que me entregara el reloj
que le había robado a Mestivier cuando lo mató, haciendo
alarde y mostrando la hora a su esposa a cada instante.
Dejé al hombre arrestado, armé algunos soldados míos al
mando del sargento y bajé a tierra para poner orden en una
tropa de 18 individuos, entre ellos varios criminales. Los
amenacé con un castigo terrible si no mejoraban su comportamiento,
recogí todo el armamento que se hallaba en parte destrozado
y los mandé a bordo junto con dos soldados que habían hecho
atrocidades con el finado comandante arrastrándolo a los
golpes. Por suerte el resto de la tropa quedó contenta y
fue el primer día de paz después del asesinato.
Poco duró
la paz y mi necesidad de estudiar con tranquilidad una salida
a la situación inesperada en que me encontraba. Eran las
9 de la mañana cuando vimos entrar una Corbeta de guerra
inglesa, la Clio. Envíe a un oficial mío Mr. Mason y al
cirujano de la Sarandi Dr. Clark a ver que significaba la
visita. Su Capitán, el inglés Onslow, sin dar explicación,
les dijo que tenía que hablar conmigo y que apenas aferrara
su velamen, se apersonaría ante mí. A las 3 de la tarde
llegó acompañado por dos oficiales y, a boca de jarro, dijo
que venía a tomar posesión de las Islas Malvinas ya que
pertenecían a S.M.Británica. Procedía del Río Janeyro acompañado
de otra fragata y tenía orden terminante de poner el Pabellón
Inglés, de embarcar a nuestra tropa junto con los demás
habitantes y cargar todo lo que nos pertenecía para llevarlo
a Buenos Ayres. Me ordenó que hiciese arriar la bandera
argentina que estaba en tierra a la mañana siguiente.
Yo no podía salir de mi asombro y me negué a cumplir sus
pretensiones sin antes recibir órdenes de mi Gobierno, ya
que mi misión era justamente traer a las nuevas autoridades
argentinas. Le protesté que bajo su palabra de honor me
dijera si estábamos en estado de guerra con la Gran Bretaña.
Me aseguró que no, que su misión era continuar con la amistad
y el comercio de siempre y que le extrañaba que yo no supiera
nada de eso. Quedó en mandarme la comunicación con las supuestas
órdenes dadas por el Jefe de las fuerzas de Su Majestad
Británica. No variaban en nada las pretensiones del marino.
Al no tener yo las órdenes de mi gobierno, traté al instante
de resistirme y no consentir lo que se me pedía.
El drama
era que toda mi tripulación desde el contramaestre a los
demás oficiales, eran ingleses, excepto 4 marineros y 6
muchachos, 3 de edad de 10 a 12 años, de capacidad nula
y 14 hombres de tropa, tres de ellos ingleses. Así fue que
los reuní, haciéndoles ver cuál era su deber y cuál el mío
y que al día siguiente tendrían que hacer fuego al pabellón
inglés y sostener el honor del pabellón a quien servían.
Les pedí que ellos, como ingleses, me hablasen francamente.
Me contestaron todos a una, que ellos eran ingleses y que
pertenecían a esa Marina que habían servido, que no podían
hacer fuego a su pabellón, que si fuera de otra Nación,
ellos morirían a mis órdenes primero de ceder en nada, pero
que les era muy duro hacer fuego al pabellón inglés.
A las 10 de la noche mandé al Capitán Mason y al médico
a protestarle al comandante que yo no podía permitirle tomar
posesión de las Islas Malvinas hasta no recibir órdenes
de mi gobierno, y que si él quería hacerlo a la fuerza,
yo resistiría a todo trance, que ese era mi deber. El Comandante
dormía y no los recibió.
En el acto
puse en libertad a Gomila dándole armamento y municiones
para armar la tropa y diciéndole que a la mañana les daría
órdenes. Mientras, preparé mi tropa a bordo municionándola
y cargué la artillería a bala y metralla. En total a bordo
y en tierra tenía 44 hombres. Con ellos debía enfrentarme
a la corbeta inglesa, con una artillería tres veces superior
en número y calibre que la mía y triple número de hombres.
Yo no tenía ni siquiera oficial a quien hacer cargo de tropa
en tierra. Para peor, las instrucciones de mi gobierno me
prohibían expresamente hacer fuego a ningún buque extranjero,
sólo que tuviera que defenderme cuando me viera atacado.
Esta situación me obligó a pasar a bordo del barco inglés
para repetir al Comandante los mismos argumentos e indicarle
que mientras no viniesen órdenes de mi gobierno yo no podía
consentir ningún acto que vulnerara el objetivo de mi misión.
El Comandante me repitió que no había estado de guerra,
que la amistad y el comercio seguían como siempre, pero
que sus órdenes eran claras. Poner el pabellón inglés en
tierras de Su Majestad, embarcar oficiales, tropa, habitantes
y propiedad de nuestro Estado y conducirlo a Buenos Ayres,
respetar a los hombres que quisieran quedarse y respetar
sus propiedades, que yo retirase mi tropa de tierra y arriase
el pabellón argentino, que ellos triplicaban nuestras fuerzas
y que, además, esperaban refuerzos.
Viendo perdida
toda posibilidad de arreglo y - por qué no - de defensa,
tomé la dura decisión de embarcar a los 16 soldados que
se hallaban en tierra, para el caso de que hubiera que defender
el buque, y nombré por un documento como Comandante Político
y Militar de las Islas Malvinas a su capataz, Don Juan Simón,
ordenando que no se arriase ningún pabellón argentino. A
las 9 de la mañana desembarcaron en la punta del puerto
de San Luis tres botes de la corbeta inglesa con 18 soldados,
marinería, el Comandante y algunos oficiales y, al lado
de la casa de un inglés, pusieron un mastelero e izaron
su bandera en la Casa Comandancia. A unas cuatro cuadras
se hallaba nuestro pabellón izado. Se dirigieron allí un
oficial y un soldado, lo arriaron. La tropa se embarcó y
un oficial vino a mi bordo entregándome la bandera. Yo sabía
que mi posición era indefendible y mi tripulación pudo decir
que, de haber peleado con la Clio, en poco tiempo la Sarandí
se hubiera ido a pique.
Con la garganta
cerrada, sin comprender todavía la gravedad de la situación
insólita en que estaba y que debía resolver en soledad total,
hice mi última protesta al Capitán inglés sobre la posesión
de la Isla. Me contestó que en el caso de que yo hiciera
fuego, me protestaba la paz que había entre nuestras Naciones,
que tuviera en cuenta que me cuadriplicaba en fuerzas y
que una goleta inglesa, la Rapid, estaba en el puerto. Yo
tenía en claro cuáles eran las instrucciones que me dio
el Superior Gobierno: “El Comandante de la Goleta de Guerra
Sarandi guardará la mayor circunspección con los buques
de guerra extranjeros, no los insultará jamás, mas en el
caso de ser atropellado violentamente y que sólo hiciera
fuego llenará en toda su extensión el artículo 41 del Código
Naval...”
Impotente y teniendo que asegurar en todo caso el estado
de mi tripulación y de los civiles, resolví embarcar a las
familias, tropa y peones que elegían volver a Buenos Ayres.
Llené mi aguada, recogí algunos útiles que estaban en tierra
y, cuando la marea me lo permitió, dejé el suelo y los mares
patrios.
Apenas llegado
fui puesto en arresto y sometido al Consejo de Guerra de
Oficiales. El juicio tuvo reconocidos errores de procedimiento.
Además, los testimonios de tripulantes ingleses y otros
como el de Gomila, acusado de homicidio y abusos a la mujer
del Comandante Mestivier, carentes de verosimilitud en la
mayor parte de sus pasajes, me pusieron en inferioridad
de condiciones, acentuadas porque recién al final del juicio
tuve un defensor en la persona del General Don Félix de
Alzaga.
No obstante, la condena fue sugestivamente leve. Al final
de mi vida, estoy orgulloso de mi foja de servicios posteriores.
Mi decisión de volver de las Islas sin presentar una inútil
batalla, tuvo el propósito de salvar vidas y bienes pero,
más que nada, necesitaba dar parte de lo ocurrido a las
autoridades, con la ilusión de que se decidiera volver con
fuerzas superiores para expulsar al usurpador inglés.
Lamentablemente,
otras eran las prioridades que ocupaban a nuestro gobierno
en esos momentos.
Tiempo después tuve noticias de un juicio a que habían sido
sometidos habitantes argentinos de las Islas por robos y
acusaciones mayores. No me llamó la atención, porque eran
tierras aquellas, donde no eran todos santos los que se
le acercaban.
¡Quién sabe cuándo volverán a ser argentinas, para poblarlas
en aras del progreso y del orgullo nacional!
Colofón
Muchos años
después, en 1890, la Armada Argentina impuso el nombre de
Pinedo a una torpedera de primera clase. En 1937, le fue
colocado su nombre al rastreador M6, que fue reducido y
vendido en 1969.
A fin de conocer la verdad, esta pequeña gran historia,
medio oculta y desconocida, sobre la cual se están tejiendo
versiones fabuladas y dañosas, debe ser rescatada del olvido
y de la ignorancia recurriendo a las fuentes.
La
ocupación de las islas Malvinas en 1833 no fue un hecho
casual, sino el resultado de una política deliberada del
imperio británico de afianzar su poder mediante enclaves
que controlaran las principales rutas marítimas del mundo.
Así fue como en 1713 ocupan Gibraltar en la entrada del
Mediterráneo, en 1806 la colonia del Cabo en la división
entre el Atlántico y el Indico, entre 1819 y 1824
logran establecerse en Singapur para controlar el estrecho
de Malaca y en 1875 compran las acciones del canal de Suez,
construido 15 años antes por los franceses, estableciendo
gradualmente un protectorado sobre Egipto que duró hasta
la Segunda Guerra Mundial.
El Estrecho
de Magallanes no podía quedar ajeno a esta política. De
no haber existido las Malvinas, los ingleses se hubieran
visto obligados a ocupar el Estrecho o quizás la isla grande
de Tierra del Fuego. Militar y políticamente era una operación
aún más fácil que lo que fue en las Malvinas, ya que en
aquella época era un área no ocupada por chilenos ni argentinos.
Poco les hubiera importado el famoso 'utipossidetis', que
si no fue respetado en España cuando ocuparon Gibraltar,
menos lo hubieran hecho en estas remotas comarcas. Tampoco
el hecho de tener relaciones diplomáticas cordiales con
Chile hubiera significado diferencia, ya que lo mismo sucedía
con Argentina.
En resumen,
Chile debe estar agradecido de la existencia de aquellas
islas, porque de lo contrario hoy estaría en la misma enojosa
situación que su vecino, reclamando sin éxito sus derechos
sobre toda la región magallánica.
Eduardo Vila Echagüe
RUT 8.322.610-2
Santiago, Chile
Las
leyes están para ser cumplidas, y el Derecho es, por definición,
el plexo de normas que rige el funcionamiento de toda sociedad.
Sobre esa piedra angular se asienta, con distintas tonalidades
o matices, el orden jurídico.
La atracción
por lo prohibido, que se remonta a la noche de los tiempos,
encontró siempre -y más allá de las procedencias geográficas
o el devenir de los acontecimientos históricos- a enjundiosos
panegiristas. Por eso, en líneas generales, no es aventurado
inferir que los argentinos, ya sea a nivel indidividual
o colectivo, no se caracterizan precisamente por su riguroso
apego a las leyes.
"Nuestra
cultura jurídica tiene fisuras, flancos débiles y puntos
oscuros, aunque también existen aspectos que pueden ser
subsanados...". Ese es, en esencia, el "leitmotiv"
o cuestión troncal que sobrevuela los diálogos periodísticos
que transcribimos seguidamente.
Susana
Cayuso y María Angélica Gelli, especialistas en Derecho
Constitucional y con acrisolada trayectoria académica, manifestaron
a La Prensa sus puntos de vista, con la finalidad de ayudar
a desentrañar, desde un enfoque estrictamente jurídico,
y no exento de agudeza e intuición femenina, la intrincada
trama de ese costado de nuestra identidad.
-¿En
qué medida, los argentinos cumplen o son respetuosos de
las normas legales, tanto de la ley en forma abstracta,
como de las decisiones o sentencias emanadas de los tribunales?
Susana
Cayuso: El cumplimiento de las normas, cualquiera
sea su naturaleza, exige como requisito previo conocer la
finalidad que cumplen en un sistema democrático republicano.
La pérdida de conciencia sobre las exigencias de tal sistema,
tiene como consecuencia la indiferencia ciudadana al acatamiento
de las reglas de juego o, lo que es aún más grave, creer
que el respeto depende de los beneficios que se obtienen.
María
Angélica Gelli: Uno de los defectos que parecen
caracterizarnos, es la inobservancia de las normas que establecen
criterios de convivencia social, necesarios y útiles para
la vida en comunidad con algún grado de armonía. Resulta
paradójico, pero es evidente el poco respeto por el espacio
público -por definición de todos-, así como la privatización
de hecho de esos espacios para el propio beneficio económico,
y el maltrato a los bienes comunes. Estas conductas son
aceptadas y en ocasiones defendidas por quienes se consideran
a sí mismos progresistas, y postulan socializaciones varias.
Según lo interpreto, esos modos de comportamiento social
encierran actitudes puramente individualistas en las que
los intereses, y hasta deseos personales inmediatos y coyunturales,
prevalecen siempre. Basta observar qué se ha hecho -y se
hace- con la bella ciudad de Buenos Aires, sus paredes y
monumentos agraviados con leyendas y símbolos de todo tipo
-que se multiplican día a día- para advertir cómo se imponen
las pulsiones personales sobre los demás. Por cierto, los
incumplimientos normativos por parte de las autoridades
-por omisión o por acción- resultan más graves porque ponen
en evidencia que las leyes son sugerencias obedecidas o
no, según convenga. El incumplimiento de sentencias judiciales
por parte de los poderes públicos, es no sólo un alzamiento
a la división de poderes sino un espejo negativo en el cual
nos reflejamos. - Leer
más
*
Susana Cayuso y María Angélica Gelli son especialistas
en Derecho Constitucional.
Decía Fernando
Henrique Cardoso hace unos días, en una conferencia en Punta
del Este, que estamos viviendo en América latina una suerte
de anestesia, que obtura la sensibilidad frente a los fenómenos
de corrupción o de ilegalidad.
Su expresión,
evidentemente, estaba inspirada por el caudal de actos de
corrupción que acumuló el gobierno de Lula, sin que a nadie
se le moviera un pelo, pese a las fundadas acusaciones que
hacía la prensa. Hoy, la nueva presidenta intenta corregir
la situación, desalojando ministros más que sospechosos,
pero todo indica que va a cosechar más problemas que aplausos.
En la Argentina,
el caso Schoklender, denunciado en detalle por la prensa
y comprobado ante la Justicia, no parece repercutir sobre
quienes financiaron y prohijaron ese impune manejo de fondos
públicos. No es políticamente correcto hablar del tema,
porque la entidad que está involucrada viene santificada
por los excesos de la dictadura y eso la cubre de un baño
de inmaculada pureza. Leer
más
Hace unos
meses, se ha cumplido un nuevo aniversario (120 años de
su fallecimiento) de José Benjamín Gorostiaga, ocurrido
el 3 de octubre de 1891. Es un personaje que tiene la peculiaridad
de haber sido olvidado por todas las corrientes históricas
de nuestro país. Gorostiaga fue el principal redactor de
la Constitución Nacional de 1853 e incluso fue el principal
defensor del proyecto de organización y unificación nacional
en ese Congreso Convencional Constituyente de 1853 en Santa
Fé que diera nacimiento a nuestra norma suprema, jugando
un papel trascendental y protagónico en los debates que
se produjeron en aquella oportunidad.
Contaba
solamente con apenas 29 años de edad, cuando tuvo tamaña
responsabilidad. Incluso cuando los demás convencionales
constituyentes disfrutaban de encuentros sociales, fiestas,
paseos y distintos honores con los que los agasajaron en
Santa Fé, Gorostiaga trabajó infatigablemente durante un
mes en la redacción del proyecto de Constitución que fuera
aprobado con posterioridad. Más tarde ocupó el cargo de
Diputado de la Nación, en los tiempos en que era necesario
redactar las primeras leyes que fuesen conformes a la reciente
Constitución. Con posterioridad fue miembro de la Corte
Suprema de Justicia de la Nación, el cargo más distinguido
al que puede aspirar un jurista, en dos períodos distintos
1865 – 1868, 1871-1887, incluso siendo su Presidente en
el período 1877 hasta su jubilación en 1887, cumpliendo
con la atribución de ese órgano de gobierno de ser el interprete
último y final de nuestro norma suprema, de la cual había
sido el principal redactor.
Hablamos
de una Corte Suprema, que debido a su reciente creación
no tenía antecedentes propios y que debía empezar formar
criterios jurídicos fundamentales para los años venideros.
Entre otros cargos destacados fue asesor de gobierno y auditor
de guerra y marina en los primeros pasos del primer gobierno
constitucional que encabezaba Justo José de Urquiza, fue
convencional constituyente en la reforma de nuestro texto
normativo en 1860 y en la reforma de la Constitución de
la Provincia de Buenos Aires en 1870. También fue miembro
de la comisión encargada de reformar el Banco de la Provincia
de Buenos Aires y fue candidato a Presidente de la nación
en 1886 por el partido denominado Unión Católica.
Todos nuestros próceres tienen su lugar en la historia y
con mayor o menor profundidad son conocidos por nuestros
conciudadanos. Casi nadie puede decir que desconoce los
esbozos fundamentales de la obra y las actividades de Mariano
Moreno, Manuel Belgrano, José de San Martín, Bernardino
Rivadavia, Domingo Faustino Sarmiento, Bartolomé Mitre,
entre otros, pero estoy seguro que la mayoría de nuestra
población desconoce que José Benjamín Gorostiaga fue el
principal redactor de nuestra Constitución Nacional y miembro
de la Corte Suprema de Justicia que tuvo la misión de realizar
las primeras interpretaciones constitucionales . Esto es
consecuencia del escaso apego que tenemos hacia nuestra
Constitución Nacional en Argentina, donde ni siquiera se
festeja, ni se conmemora ni se le otorga principal hincapié
al 1 de mayo, día en que sancionara la Constitución Nacional,
y por ende tampoco sabemos ni recordamos a sus redactores
ni a quienes la inspiraron.
Por esto
creemos que cada 3 de octubre será oportuno recordar a José
Benjamín Gorostiaga, su obra, sus valores, pero también
reflexionar sobre nuestro apego y compromiso hacia nuestra
Constitución Nacional, con la expectativa de que de una
buena vez por todas entendamos la importancia que tiene
nuestra norma suprema como garante de nuestras libertades
y garantías.
*Abogado.
Lic. Relaciones Internacionales. Profesor de Educación Cívica
en el colegio Esteban Echeverria. Profesor Auxiliar de Derecho
Constitucional en la Universidad Abierta Interamericana.-
La existencia
de hambre y desnutrición en la Argentina, un país capaz
de alimentar a más de 400 millones de personas -esto es,
diez veces su propia población- no sólo representa un escándalo
ético, sino también un condicionante que compromete su desarrollo
futuro como nación.
El acceso
a la alimentación es un derecho básico inherente a todo
ser humano, pero muy especialmente para la niñez, por lo
que su cumplimiento requiere de un compromiso que va más
allá de los gobiernos, debiendo ser asumido por la sociedad
en su conjunto.
Es sabido que en nuestro país, aún subsisten niños desnutridos
y hogares con hambre, pero también existen problemas crecientes
de sobrepeso y obesidad, configurando un cuadro preocupante
de malnutrición.
Un dato
importante a tener en cuenta es que en términos estrictamente
alimentarios, el problema más frecuente no es la cantidad
de comida que se come, sino la calidad global de la dieta
y la calidad nutricional de los alimentos que la componen.
Por eso, es fundamental comprender y asumir que lo importante
es la calidad más que la cantidad, ya que muchas intervenciones,
aún bienintencionadas, suelen tener un pensamiento inverso
y contraproducente, al priorizar la cantidad de alimentos
sin tener en cuenta su calidad.
Un segundo
problema relevante es que la dieta de los hogares argentinos,
sean pobres o no, suele tener una marcada monotonía al concentrarse
su composición semanal en no más de 30 a 40 ingredientes,
cuando el número aconsejable debería ser al menos el doble,
es decir, de 70 a 80 ingredientes. En función de estos precedentes se plantea el innovador
paradigma de Nutrición 10 Hambre Cero, impulsado por una
amplia red de más de 1.500 instituciones de todo el país
que genera, difunde y articula acciones y conocimientos
relativos a la nutrición, promoviendo, para ello, la convergencia
de los ámbitos públicos y privados en políticas efectivas
y convergentes entre los sectores políticos, económicos
y sociales.
En ese marco,
superar el hambre, la inseguridad alimentaria extrema y
su cruel reflejo en niños con desnutrición aguda, representan
un imperativo prioritario en todo momento, ya que Argentina
no puede permitir el flagelo indigno de que aún subsistan
miles de niños desnutridos.
Sin embargo, elevar el piso de la política nutricional implica
un desafío superador y absolutamente necesario, ya que Nutrición
10 significa no sólo Hambre Cero, sino también nutrientes
esenciales cubiertos, obesidad decreciente, calidad de dieta
y diversidad alimentaria asegurada.
Nutrición
10 Hambre Cero también es un concepto que procura una sinergia
con otras intervenciones, asumiendo que las condiciones
nutricionales, el cuidado de la salud y los controles necesarios
en los 1.000 días claves que van desde la concepción hasta
los primeros dos años de vida de un niño son trascendentes
en términos de desarrollo infantil y su capacidad de aprendizaje.
Asimismo, son fundamentales los controles de crecimiento,
los cuidados higiénicos de las personas y su hábitat para
prevenir infecciones, así como el cumplimiento del calendario
de vacunación, en un marco de promoción humana de las madres
y fortalecimiento del núcleo familiar.
En ese contexto,
resulta también fundamental asegurar el acceso al agua potable
y a un sistema adecuado de cloacas, por su incidencia directa
sobre la calidad de los alimentos y de la salud.
Porque queremos y podemos dejar de ser una Argentina malnutrida,
Nutrición 10 Hambre Cero representa una propuesta innovadora
para trabajar en red, articulando esfuerzos públicos y privados
para construir verdadero capital social.
El respaldo
logrado en muy pocos meses por parte de más de mil quinientas
instituciones demuestra que estamos en el camino correcto,
no sólo por la magnitud del apoyo, sino también por su diversidad
y extensión geográfica.
Se procurará reunir y articular bajo esta iniciativa el
conocimiento con la responsabilidad social, puesta en acción
por múltiples organizaciones de la sociedad civil así como
con las políticas públicas, convergentes en áreas tales
como los centros de atención primaria de la salud (CAPS),
centros de prevención de la desnutrición, entidades educativas
y comedores comunitarios, entre otros.
Estamos
convencidos de que Nutrición 10 Hambre Cero
representa un compromiso que vale la pena, porque en el
mismo esfuerzo tendremos la recompensa: vivir hermanados
en un país más integrado y justo, con mayor inclusión social
e igualdad de oportunidades.
Una Argentina más próspera y equitativa, con desarrollo
sustentable y plenamente integrada a la Sociedad del Conocimiento.
Desde las
“polis” griegas, la República de Inglaterra, la Revolución
Francesa, la Independencia de los Estados Unidos y las posteriores
invasiones napoleónicas , la idea de libertad y de un gobierno
que represente la soberanía popular a través del voto, se
ha ido gestando a raíz de los diversos acontecimientos históricos,
políticos, sociales, económicos y hasta culturales.
Un estado
representativo, republicano y federal, con bases democráticas,
fue el origen del pensamiento de nuestros patriotas que
lucharon fervientemente para que sus deseos fueran oídos
y materializados en un orden jurídico apropiado para la
liberación de nuestras tierras del dominio español y de
toda nación extranjera, como expresa claramente el acta
del Congreso de Tucumán, en el año 1816, en donde se declara
formalmente la Independencia de las Provincias Unidas del
Sur.
El primer
grito de libertad se había manifestado el 25 de mayo de
1810, en virtud de los acontecimientos de que el Rey Fernando
VII de España había sido depuesto de su gobierno monárquico,
y el hermano de Napoleón Bonaparte, José, había sido coronado
en el trono español. El poder del soberano ya no era legítimo,
y reposaría en su verdadero dueño, el pueblo. Este es el
manifiesto de Mariano Moreno, considerado el primer constitucionalista
argentino, en el Cabildo del 22 de mayo de 1810, junto a
la participación de Castelli. Este último prócer había expresado
anteriormente su ideal liberal en su Defensa de PAROSSIEN.
La influencia de los clásicos franceses, Rousseau, Montesquieau,
Voltaire, fueron de gran importancia como también en el
caso de Moreno, del liberalismo de corte inglés, como Burke
y Jovellanos (español), más respetuosos aún de las garantías
individuales.
La figura
de la Primera Junta, de la Junta Grande, del Primer y Segundo
Triunvirato, de la Asamblea General Constituyente del año
1813, de los Directorios, y de todos los posteriores sistemas
de gobierno, expresaban un deseo de esquematizar el poder
y establecer la división republicana, pero la primer Constitución
sancionada en nuestro país, la de 1819, poseía un carácter
netamente centralista, sin salir a la luz el componente
federal. Luego sucedieron luchas caudillezcas provinciales,
ideales poéticos-literarios-románticos, pero con fines netamente
políticos, encabezados por la llamada Generación del 37;
un grupo de jóvenes con admiración hacia París e identificación
rosista, ignorados por el Restaurador de las Leyes, reunidos
en la Librería de Marcos Sastre, transformada con el tiempo
en la Asociación de Mayo, cuyo principal exponente seria
Esteban Echevarria, autor de El Matadero, La Cautiva y el
Dogma Socialista. En su producción intelectual, estos jóvenes
( a la manera asociativa de la Joven Italia en Europa),
expresaban la necesidad de establecer un sistema legislativo
y constitucional coherente, la búsqueda de una teoría política
y de una literatura nacional; su disconformidad con un régimen
que parecía no abogar por la independencia de nuestra querida
tierra, sino por someterla al poder ilimitado de Juan Manuel
de Rosas y sus intereses, según su criterio .Era una filosofía
con influencia francesa, nacionalista, cuyo otro exponente
seria famoso posteriormente, Juan Bautista Alberdi.
La etapa
Confederativa de Juan Manuel de Rosas, en la cual las provincias
son sobernas y no autónomas como en un régimen federalista,
fue la antesala de la Sanción de la constitución de 1853,
con el Pacto Federal como figura principal. Rosas fue criticado
por no concretar ideas de sanción inmediata de una Constitución,
pero el plan democrático se realizó con Justo José de Urquiza,
luego de vencer a Juan Manuel de Rosas en la Batalla de
Caseros. Las Bases y puntos de partida para la organización
política de la República Argentina, cuya autoría corresponde
a Juan Bautista Alberdi, fueron los pilares de la ingeniería
constitucional de nuestro país; allí se reflejan los esquemas
de elección, división de poderes, representación, declaraciones,
derechos y garantías, y tendencia presidencialista, que
se respetan aún hasta el dia de hoy, estableciendo el voto
representativo y masculino. Gobernar es poblar, decía Alberdi,
por ende se debería fomentar el movimiento migratorio.
Posteriormente,
se fueron suscitando gobiernos y hechos históricos, como
los presidentes Mitre, Sarmiento y Avellaneda, hasta la
generación del 80, encabezada por Roca, llamada oligárquica,
por su corte aristocrático, pero de gran proyección hacia
el viejo continente, fomentando el intercambio comercial.
En 1912 se sancionó la Ley Sáenz Peña , estableciendo el
voto universal, obligatorio y secreto, con la abstención
del radicalismo, en la cual triunfará Hipólito Irigoyen
en 1916 como el primer presidente electo a través de esta
ley.
Luego de golpes militares, es decir, atentos contra el sistema
democrático por tomas del poder a la fuerza por grupos de
choque, (ya sean militares, para- militares o civiles),
el gobierno de Juan Domingo Perón establece el voto femenino
en 1947, un gran avance en la participación de la mujer
en la vida democrática, y en 1949 sancionó la constitución
de corte social, inspirada en la socialdemocracia, cuyo
principal exponente es Manzini, y establece el estado de
bienestar. Posteriormente la libertad se ve amenazada por
una serie de gobiernos de facto. Los rasgos mas característico
de la democracia son la periodicidad en las funciones del
gobernante, como también rotación de personas y proyectos,
y publicidad de los actos de gobierno, que no se veían reflejados
en los gobiernos de facto, ya que las autoridades no eran
elegidas por la voluntad popular.
En 1983
retorna la democracia con el llamado a elecciones, y en
1994 se reforma la constitución, mediante una convención
constituyente con muchos debates, en donde se incorpora
el articulo 75 inciso 22, de reconocimiento a los tratados
internacionales y jerarquía superior a las leyes, siempre
que no contradigan la ley fundamental. Esto resulta un respeto
al concepto de Derechos Humanos y a la dignidad de las personas
que habitan nuestro suelo argentino, ya sean naturales o
extranjeros naturalizados.
Como expresa Giovanni Sartori, en su obra “Elementos de
la teoría política”, un limite al poder es muy importante;
es el garantismo en sus dos sentidos: En Sentido Global,
como la protección de la Sociedad frente al Estado, al que
le pretende imponer un ámbito preciso de atribuciones, de
modo de que todo aquello que no le está expresamente prohibido
le está permitido. Como contrapartida, en el campo de la
vida social, interindividual, todo lo que no esta expresamente
prohibido le está permitido, de modo que el contenido de
posibilidades de la iniciativa individual se acrecienta
en la misma medida en que se reduce y delimita el campo
de lo público . Desde la perspectiva de cada integrante
de la sociedad, el garantismo referido se concreta en el
expreso reconocimiento de derechos individuales, proclamados
como naturales, y por ende, preexistentes al Estado que
no hace más que reconocerlos, y sus garantías procesales.
El impulso garantista no se agota, sin embargo, en un puro
enunciado teórico. Reclama instrumentos precisos de realización:
la Constitución debe ser en primer lugar, escrita, conocida
por todos y presente en forma constante ante los ojos de
los gobernantes y gobernados para recordarles a éstos sus
derechos y a aquellos los límites del poder que ejercen.
Debe además, estructurar el poder de modo de frenar su impulso
expansivo, dividiéndolo, y debilitándolo con intrincados
mecanismos de decisión y control, no dependiendo ya de su
eficacia para lograr un fin común, como se concebía anteriormente,
sino en la acción preventiva para el goce de las prerrogativas
individuales, un mecanismo racional de ingeniería institucional,
expresado mediante normas.
En este
año tan controvertido de elecciones, habría que reformular
el alcance del concepto democrático, no solo en cuanto a
soberanía popular, sino a la libertad y respeto dentro de
los partidos políticos, el motor representativo de la sociedad
electora, y el fortalecimiento de la cultura jurídica y
el interés cívico, para que este sistema siga subsistiendo
y evolucionando, fortaleciendo los ideales constitucionales
y las bases para defensa de la libertad.
*MIEMBRO
DEL INSTITUTO DE DERECHO POLÍTICO E INFORMÁTICO DEL CALP,
DEL INSTITUTO DE DERECHO POLÍTICO Y CONSTITUCIONAL DE LA
FACULTAD DE CIENCIAS JURÍDICAS Y SOCIALES DE LA UNIVERSIDAD
NACIONAL DE LA PLATA, FIADI JÓVENES ( EN COLABORACIÓN CON
FIADI Y ASOCIACIÓN ARGENTINA DE INFORMÁTICA JURÍDICA), RED
IBEORAMERICANA DE DERECHO INFORMÁTICO, Y OTRAS INSTITUCIONES
Y ASOCIACIONES
En una entrevista
al Ministro de Educación de México en un canal de TV, éste
enfatizó que en la sociedad actual no se hablaba de “valores
“, que no estaban de moda y que había que “ponerlos de moda”
nuevamente, pues su vigencia es permanente.
Observando
y reflexionando sobre nuestro país vemos que los valores
sí están de moda. Se mencionan y exaltan constantemente:
libertad, verdad, solidaridad, diálogo, orden. Se exigen
con indignación: “justicia ”, “no a la transgresión impune
de la ley “. Se insiste en incluir programas de educación
en valores, en las escuelas. Se otorga un subsidio a las
mujeres embarazadas, quienes simbolizan amor a la vida y
repudio al asesinato premeditado del niño por nacer. Y ante
perversidades o atropellos, que los ha habido y los sigue
habiendo, siempre se alzan las voces y las acciones de rechazo
y el reclamo de los valores relegados, para intentar de
alguna forma sanear lo dañado.
A través
de organizaciones o del ejemplo de hombres y mujeres valientes
y sinceras, como las Madres contra el Paco o las Madres
del Dolor, como las instituciones y personas que defienden
la libertad de prensa o de expresión, como los padres, casi
todos, que no están de acuerdo con la incongruencia de un
colegio “tomado” por adolescentes y como los miles que denuncian
la aberración de montar un acto con niños para escupir y
destruir afiches, que nos retrotrae a la época de “a los
enemigos ni justicia”, se demuestra que los valores están
“ de moda” en nuestro país.
Siempre
hay una voz, un gesto, que muestra que tenemos una base
cultural sólida, que tiene incorporada la importancia de
la responsabilidad, la verdad, el respeto, la igualdad ante
la ley, la no discriminación, los derechos humanos. Es un
capital que muchos argentinos poseen desde la cuna o han
obtenido en la escuela y saben que lo deben cuidar y acrecentar.
La Argentina,
a pesar de la abulia que a veces parece aplastarnos, cuenta
con este bagaje positivo. Miles de ciudadanos que saben
distinguir “ lo que está bien y lo que está mal”, los que
no sólo hablan de los valores, sino que los sienten y tratan
de vivirlos. Este respaldo hace más fácil y tiñe de optimismo
el camino para dirigentes honestos, para ciudadanos esforzados.
Pero también obliga a ser exigentes y autocríticos en las
conductas, a dar el ejemplo. Y como en la parábola de los
talentos preocuparse y ocuparse de los que no han tenido
oportunidades y desconocen valores básicos de convivencia.
Es indudable
que estos valores, que la Constitución Nacional misma sintetiza
y cuya vigencia permanente garantiza, son los que permiten
que se vayan construyendo redes de contención, redes que
sostienen la trama social, que, a pesar de graves dificultades
y barreras, se siguen creando en nuestro país. Es indudable
también que hay dirigentes o ciudadanos que no están “a
la moda” y que desconocen o desprecian los valores que permiten
el desarrollo civilizado.
La posibilidad
de elegir las personas que van a cubrir lo cargos más importantes
en nuestro país, para presidente y legisladores, nos presenta
una gran responsabilidad. ¿Qué valores practican, no sólo
declaman, los candidatos que elegiremos? ¿Qué han demostrado,
qué proponen realmente? ¿Son candidatos que están a la “moda”
y seriamente practican valores democráticos?
Sepamos
, los ciudadanos, elegir a los que nos “representen” de
acuerdo a esos valores y comportarnos nosotros mismos de
acuerdo a lo que exigimos.
"Sin
perjuicio de tener nuestras reservas sobre la conveniencia
de haber incorporado a la Constitución Nacional de Argentina
los decretos de necesidad urgencia, la delegación legislativa
y la promulgación parcial de leyes, la observación de la
realidad nos indica que los problemas argentinos no pasan
por sus instituciones. La estructura constitucional como
sus articulaciones pueden ser objetadas en cuanto a una
técnica poco feliz utilizada en 1994, pero ello no impide
un adecuado ejercicio del poder". - Leer
más
"El
bloqueo de las plantas impresoras de La Nacion y de Clarín
constituye un nuevo y grave ataque a la libertad de prensa
reconocida en nuestra Constitución y en tratados internacionales.
La presencia de grupos organizados afines al oficialismo
importa una verdadera escalada de la situación preexistente,
ya que pocos días atrás una sentencia consideró contrarios
a la ley a este tipo de hechos y ordenó a las autoridades
que las impidieran en el futuro".
- Leer
más
"En
un mudo signado como el actual por la multiplicación de
los medios de comunicación, la incidencia de las palabras
en la formación de la opinión pública es más profunda que
nunca. Si su contenido está cargado de hostilidad, si la
descalificación del adversario gotea incansablemente sobre
la sensibilidad de oyentes, cibernautas, lectores y televidentes,
muchos serán los enardecidos que quieran terminar de una
vez por todas, con el mal que se pregona. Nada más lejos
de semejante extremismo que la auténtica palabra democrática.
En ella, la disidencia, la severidad de la discrepancia
no bordearán jamás la orilla del desprecio. La palabra democrática
lo es en la medida en que busca ser equidistante de los
extremos. Y eso no va jamás en desmedro de su firmeza".
( Reflexiones de la tragedia de Tucson. Arizona, EEUU).
- Leer
más
“Aunque a veces lo perdamos
de vista, la calidad de vida de las personas está fuertemente
vinculada a la salud de las instituciones de la Constitución
cuyo deficiente funcionamiento produce un alto costo social”
. La calidad institucional es el camino más seguro para lograr
la inclusión de todos en la comunidad nacional. Por eso, es
necesario que los poderes del Estado, de acuerdo a su naturaleza,
actúen respetando su legítima autonomía y complementándose
en el servicio al bien común." - Leer
más
Te invitamos
a leer el artículo de Alberto Ricardo Dalla Vía con motivo
de cumplirse los 150 años de la firma del Pacto por la Unión
Nacional, firmado en San José de Flores. Leer
más
Te invitamos
a leer el artículo de Sofía de Laferrère, quien nos recuerda
hechos aleccionadores de la historia, trazando un paralelo
con la realidad actual. Leer
más
La jornada
de Pastoral Social le dio pie al cardenal Jorge Bergoglio
para hablar de no homogeneizar el pensamiento y de recuperar
el diálogo ante el desencuentro. Leer
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Te invitamos
a leer el siguiente artículo, aporte de Gregorio Badeni,
abogado consitucionalista, miembro del Consejo Consultor
Honorario del progama "Cuidá tu voto" de Propuestas de políticas
públicas de la Fundación Americana para la Educación.
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Te invitamos
a leer el siguiente artículo, aporte de Guillermo Lascano
Quintana, historiador, abogado, autor de varios ensayos
y publicaciones profesionales. Leer
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